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MANEJO ADECUADO DE LA IRA

  • psicosistemaonline
  • 7 jul 2020
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 19 dic 2020

Hay emociones cuyo manejo adecuado puede significar un reto, especialmente aquellas que no entendemos, cuando no sabemos porque nos sentimos como nos sentimos, cuando no sabemos que resolución perseguir que sea realista, que ésta sea lo suficientemente buena para nosotros y que tengamos una clara idea de como lograrlo.


Pudiera ser una buena opción para propósitos didácticos pensar en las emociones como “alarmas naturales del cuerpo”, nos avisan cosas, algunas son muy sencillas de interpretar y de resolver; por ejemplo: cuando sentimos hambre (emoción primaria o primitiva) la resolución es bastante simple… ¡Tenemos que comer! Cuando sentimos sed o ganas de ir al baño, no tenemos que pensar demasiado en qué hacer para sentirnos mejor.


En el caso del enojo: este nos avisa de alguna amenaza a nuestra estabilidad física o psicológica y ante la cual tenemos que hacer algo.


¿Pero qué pasa cuando sentimos ira? ¿Qué pasa si solamente nos dejamos llevar por esta emoción? Seguramente… ¡Nada bueno! La ira nos predispone a pelear, a imponernos y en caso de no ser posible: a la venganza.

En estos casos algunos posibles resultados pueden ser: un escalamiento en violencia entre dos partes, o dado el caso, una situación de abuso cuando la contraparte se encuentra menos empoderada que la parte contraria, de esta manera puede suponer un nuevo deseo de venganza, más adelante cuando las condiciones sean más favorecedoras y así se pueden establecer varios tipos de ciclos que tienden a escalar el conflicto e ir agravando la situación cada vez más, tanto en daños directos como colaterales.

Lo anterior son solo algunos ejemplos comunes de cómo podría presentarse la reacción irreflexiva de la ira y sus cauces más usuales. O como Gandhi lo dijo de manera más elegante: "Ojo por ojo y todo el mundo quedará ciego"

En otros casos tenemos las respuestas rígidas, típicamente aprendidas, ya sea por ensayo y error o por imitación, pero que a lo largo del tiempo se petrifican al punto de ser casi la única respuesta que ofrece el individuo ante estos estímulos.

Un ejemplo de esto puede ser el berrinche o la rabieta como respuesta instalada en la cual el individuo normalmente vocifera, patalea, amenaza y posiblemente maltrata o abusa con tal de obtener la respuesta deseada de la contraparte por medio del sometimiento o del cansancio.

Otro ejemplo de estas respuestas rígidas puede ser la persona que pretende ignorar la ira o negarla, o como comúnmente se dice: “Se la tragan”. En estos casos es difícil adivinar de qué manera va a salir la ira, en qué momento o que estragos va a causar en la persona que la porta a corto, mediano o largo plazo.


En todos los casos anteriormente mencionados la ira no se resuelve, de una o de otra forma se instala o se estanca y no se soluciona.

Para poder solucionar la ira, en realidad, solo hay dos caminos por lo general: el primero es el de la conciliación a través del diálogo y el segundo es el de la protección por medio del establecimiento de límites. (De cualquier manera el perdón es condición necesaria)

En ambos casos se tiene que hacer un manejo adecuado de la ira a nivel individual, de hecho, cuando se pretende llevar a cabo un diálogo ya sea para conciliar o establecer límites lo único que hace el enojo mal manejado es estorbar e imposibilitar lograr algo, generar algún tipo de acuerdo, además de que continúa dañando a los vínculos y a los individuos.

Otra manera en la cual el enojo puede causarnos estragos, desde una perspectiva más personal, es cuando nos damos cuenta de que nos hemos excedido con alguien y más cuando resulta ser una persona cercana y querida. Es común que la ira mal manejada nos lleve a excedernos, a sentirnos mal por ello más adelante y/o a temer las consecuencias que pudieran venir más adelante a consecuencia de haber perdido los estribos.

En momentos como éstos es de vital importancia que logremos hacernos cargo de nuestro propio enojo y poder llevar el diálogo a buen puerto.

Si usted tiene problemas para manejar su ira tal vez pueda intentar lo siguiente en un momento de crisis:

1. Deténgase! En cuanto usted detecte la primera señal de eminente explosión, no reaccione, no haga absolutamente nada, si es posible, aléjese de la situación que le está generando enojo y si no solo espere a la primera oportunidad para hacerlo. Si hay alguna persona involucrada que insista en hablar dígale que está preocupad@ por la reacción que pueda tener y que necesita por lo menos veinte minutos para calmarse y volver a intentarlo.

2. Una vez fuera de peligro ubique que fue lo que le hizo enojar y pregúntese que es lo que necesita usted de ésta situación y que es lo usted desea. Determine que es lo que usted necesita y piense en maneras de expresarlo de manera propositiva.

3. Cuando se vuelva a reunir, solamente afirme de manera positiva, respetuosa y cortés lo que usted necesita y/o lo que le gustaría, si era sólo una situación pasajera: procurar hablar de su enojo con alguna persona con la que usted se sienta cómod@ sería buena idea y poner atención a que ésta persona sea alguien que no le alimente más el sentimiento de enojo, de preferencia alguien que le ayude a neutralizarlo.

4. Escuche a la persona lo que tenga que decir sin interrumpirla y cuando tenga que intervenir enfóquese en sus necesidades.

5. Si alguno de éstos pasos le resulta muy difícil de lograr, tal vez sea una buena idea considerar buscar ayuda profesional personalizada.



 
 
 

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