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RELACIONES DE PAREJA: DINÁMICA DEL PERSISTENTE Y EL EVASOR.

  • psicosistemaonline
  • 7 jul 2020
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 7 dic 2020

No es necesario tener ninguna característica personal particular para saber lo complicadas que pueden resultar las relaciones interpersonales humanas ya sean familiares, de pareja, laborales y hasta de amigos, ya que en todas estas estamos expuestos al riesgo de entrar en conflicto y este puede ir desde el franco abuso en casos más avanzados, hasta un simple desacuerdo de rápida y sencilla solución en casos más leves.


“Hace falta dos para bailar un tango” dice un dicho popular y me parece interesante la similitud que sugiere este dicho entre la danza y la interacción humana. Tanto en la danza como en las relaciones humanas, dos o más personas se encuentran en constante movimiento y el movimiento de uno también está relacionado con el movimiento del otro y viceversa de esta manera ambos constelan una totalidad.


Sin embargo esto no es tan obvio cuando hablamos de nuestras relaciones ya que en estos casos solemos representar papeles antagónicos en los que uno siempre es el bueno y el otro el malo o el racional y el irracional o el constructivo y el destructivo o el violento y el pacifista etc. (Maniqueismo)


Desgraciadamente estas explicaciones suelen dejarnos una cierta insatisfacción una especie de vacío explicativo que no logra hacer sentido y nos obliga a encoger los hombros como diciendo “Sabrá Dios”.


Cada ser humano es tan único como lo son sus huellas digitales y al hablar de interacción entre seres humanos uno más uno, no es igual a dos, debido a que cada uno de ellos tiene cientos de miles de experiencias y vivencias y a su vez están en constante movimiento e interacción con otros seres humanos que desde luego comunican, influyen y son receptores e influenciados también.


Cuando planteamos esto parece volverse más comprensible que dos o más personas en una relación puedan tener compatibilidades e incompatibilidades ¿Esto quiere decir que las buenas relaciones son entre personas 100% compatibles? ¡Por supuesto que no! Solo son personas que las compatibilidades que existen entre ellos son suficiente buen motivo para trabajar esas incompatibilidades ya sean muchas o pocas.


Casi todas las relaciones están sujetas a la suma de ambas capacidades de ser flexibles y de negociar al decir esto entramos en lo que es la distribución del poder dentro de la relación cuando uno cede por completo y el otro no cede nada, esto suele dar por resultado un desequilibrio en el poder de las personas involucradas a lo que corresponde una especie de revancha orientada a ganar terreno en la relación o una especie de retraimiento u contingencia.


Este ejemplo de interacción con el tiempo y a la larga da por resultado lo que conocemos como costumbres entre las personas y una cierta seguridad de cómo se puede evitar el conflicto con el otro. Sin embargo existen lo que los terapeutas sistémicos llaman retroalimentaciones positivas y retroalimentaciones negativas, las primeras son aquellas en las que ambas personas resuelven el conflicto en cuestión y no se vuelve a dar hasta que vuelve a surgir una situación similar.


La segunda es cuando el resultado de la interacción da resultados tan poco satisfactorios para ambos que se repite una y otra vez hasta que la propia relación se convierte en una repetición tras otra de esto y para ejemplificar esto me gustaría dar un ejemplo:


“María se encontraba decepcionada de su relación con Roberto ella me comentó que sentía como él cada vez se alejaba más de ella y la angustia que le producía pensar en perder la relación en la cual había depositado tantas ilusiones, expectativas y tiempo, ella me comento como a veces perdía la paciencia y en ocasiones le expresaba con gran impotencia y a veces hasta con coraje la poca atención que ella sentía que él le daba, también a veces lo llegaba a culpar por ser frío e insensible a la angustia que ella estaba experimentando, algunos de los reclamos comunes de María eran “cómo es posible después de todo este tiempo que tú me trates de esta manera, yo no me merezco esto” con el tiempo la situación no mejoraba hasta que decidieron buscar ayuda.


Al hablar con Roberto, que no se encontraba menos preocupado por la situación, me expreso como el también percibía y sentía a su vez, como era que él se alejaba de ella y que en verdad le gustaría no hacerlo, que al mismo tiempo él no tenía ninguna intención de dejarla a ella pero que cuando llegaba a casa y la encontraba alterada, angustiada y molesta y se sentía culpado por esto automáticamente buscaba alejarse de ella”.


Este es un ejemplo clásico de retroalimentación negativa que de perdurar el suficiente tiempo puede traer como resultado la insustentabilidad de la relación y ocasionar que cada uno termine alejándose del otro de manera cada vez más y más definitiva.


En este caso uno siente angustia por el acoso y busca evitar al otro. Ante esto el otro se siente abandonado por su pareja y le genera más angustia resultando en más reclamos y repitiéndose así el mismo ciclo una y otra vez.


Cuando ambos se sientan a hablar de lo que les preocupa realmente e incluso se dan cuenta del alto precio que ambos están pagando en esta interacción con tal de permanecer juntos ambos pueden aprender a lidiar con el impulso que sienten a reaccionar a su propia angustia ya sea persiguiendo o evitando de manera impulsiva o irreflexiva evitando así otros problemas que pudieran darse como consecuencia de esto.


Esto es solo una descripción de una dinámica clásica vista de una manera distinta a esos papeles antagónicos típicamente representados por una persona fría e insensible que nos hace sufrir, y otra explosiva y volátil que no le preocupa incomodarnos o hacernos sentir mal, no quiero decir que no exista la gente que hace esto de manera deliberada con el fin de lastimar, lo que si es que en mi experiencia en terapia de pareja, no me he topado aun con una persona para la cual lastimar al otro sea un fin, mas bien y en el peor de los casos, es un medio más que un fin.


Y aunque es cierto que para muchas relaciones el precio de la interacción llega a veces a ser demasiado alto es responsabilidad única de los integrantes de ésta el determinarlo, en todo caso, aun cuando uno de los dos o ambos deciden que ya no desean seguir en ello, la tramitación del conflicto, aun después de la separación, puede resultar valioso en las vidas de las personas que vivieron el conflicto en un sentido de alivio.


Por Psic. M.A. Jaime González-Paullada Garza Terapeuta individual, familiar y de pareja.

 
 
 

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